25 de Noviembre: Valientes como Ana Orantes

Hay quienes mantienen la creencia de que sin sangre la letra no entra, y de que el feminismo de ley tiene que molestar a los señores porque los señores, en general, son machistas. Y aunque no todos los señores sean machistas, tienen privilegios, y tienen que aguantarse y punto.

En el feminismo hemos dicho y oído cosas como estas, sin atender a que con seguridad muchos de esos señores querían mirarse su machismo y mejorar, pero no querían ser tratados como el enemigo aunque no fuesen tampoco nuestros aliados.

Hasta hace muy poco el feminismo era cosa de mujeres que reclaman los mismos derechos que los hombres.

El sujeto del feminismo, éramos las mujeres, y el objeto las leyes.

Pero desde hace poco una nueva corriente que va creciendo considera que toca hablarles a ellos, hacerles parte no solo como aliados, sino como sujetos de un enfoque que cambie también su forma de vivir en sociedad, como iguales, que amplíe su compromiso de convivencia y de cuidados.

Cuando hace 25 años Ana Orantes tuvo la valentía de acudir a la televisión a contar los malos tratos que había sufrido durante 40 años, de hacer público lo que hasta ese día había pertenecido a la intimidad, puso sobre la mesa una cuestión de la que la sociedad no se estaba haciendo cargo, la violencia machista.

Pagó con su vida el atrevimiento, y hemos de estarle eternamente agradecidas, pues tras su caso se impulsó la ley contra la violencia de género, y ya nunca se ha vuelto a decir que es una cuestión de ámbito privado, ya nunca ninguna mujer tiene que volver a sentirse responsable de las violencias de su pareja, solo víctima, ya nunca ningún crimen de un maltratador, violador, o asesino ha vuelto a ser considerado «pasional».

Y tantos años después (o tan pocos visto en perspectiva histórica), nos toca como sociedad dar un paso más. En ese paso necesitamos que los hombres vengan con nosotras, necesitamos su complicidad como aliados y compañeros, como sinceros feministas. Es imprescindible que nos pongamos juntos y juntas a construir una nueva hegemonía en cuanto a violencia machista. Una forma de relacionarse en la que no se conciba someter a una mujer, ni humillarla, ni privarla de sustento o de agencia, cuanto menos forzarla, golpearla, violarla, o asesinarla.

¿Y por donde empezamos?

Como siempre, por el principio: por la educación, por la pedagogía, por la cooperación, reconociendo que el feminismo sin ellos puede haber tocado techo, y los queremos a nuestro lado.